La Pirámide Oculta de Ciudad Satélite
Entre conquistadores, ingeniería alemana y glitches en la Matrix.
Mientras tu algoritmo de TikTok te muestra, por quinta vez consecutiva, otro video de alguien restaurando una alfombra persa con música relajante, hay una alta probabilidad de que estés ignorando que el suelo bajo tus pies es un pastel de milhojas histórico.
No, no hablo de ese Nokia 3310 que perdiste en el jardín en el 2004. Hablemos de Ciudad Satélite y sus alrededores. Resulta que mucho antes de que las icónicas Torres diseñadas por Mathias Goeritz y Luis Barragán se convirtieran en el faro retro-futurista del Estado de México, Hernán Cortés y su ejército decidieron usar esta zona como su sala de espera personal.
Imagina a Cortés y su ejército transitando por lo que hoy es Satélite, avanzando con la misma sutilidad que una actualización de Windows 95.
La historia oficial nos dice que la zona de Calacoaya, en Atizapán, era un punto estratégico, un hub comercial clave para las tribus que se dirigían a la Gran Tenochtitlan.
El nombre Calacoayan proviene del náhuatl y significa "lugar por donde se entra". Un acceso hacia algo más antiguo que nosotros, más antiguo que el Periférico, más antiguo que la tradición mexicana de poner topes donde nadie los pidió.
Y vaya que era una entrada estratégica para las tribus que comerciaban hacia la Gran Tenochtitlan, hasta aquel fatídico 2 de julio de 1520, cuando Cortés y sus tropas, huyendo aterrados, perpetraron la infame Masacre de Calacoaya.
Pero la cultura popular tiene un mejor lore. Cuenta la leyenda que, en San Lucas Tepetlacalco —hogar de Mundo E—, una familia tropezó con el equivalente del siglo XVI a una ronda de semilla de capital: vasijas llenas de oro enterradas en su terreno. Con esa liquidez inesperada, muy discretamente fundaron negocios y edificios locales. Un modelo de emprendimiento basado puramente en la suerte arqueológica.
Hoy, esa misma familia vive modestamente de los negocios financiados por ese botín del siglo XVI. Un excelente retorno de inversión, si me lo preguntan.
Pero bueno, muy cerca de ahí, frente a la mirada distraída del tráfico de Avenida López Mateos y Periférico Norte, tenemos los restos de un centro ceremonial: un grupo de pirámides olvidadas.
Si alguna vez has subido al Tepozteco y has sentido esa "vibra mística" que te hace comprar cuarzos a sobreprecio, te sorprenderá saber que aquí mismo tenemos un faro de energía histórica sepultado por la amnesia cultural. Un sitio que, de ser rescatado, no solo dignificaría nuestra identidad "Neo-Sateluca", sino que traería una derrama económica y turística invaluable a la región.
Si no me crees, te invito a darle una leída al heroico trabajo del cronista Gilberto Pérez Rico que comparto al final de este blog. Aunque te sugiero que lo hagas rápido. Los últimos vestigios de esta herencia ancestral están a un par de licitaciones de ser engullidos por la implacable maquinaria del desarrollo de vivienda moderna.
El área es un espacio de ocupación prehispánica, estructuras de piedra, plataformas, terrazas y concentraciones de materiales. Incluso habla de una antigua ocupación cívico-ceremonial y habitacional en las partes altas de los cerros.
En cristiano contemporáneo: no estamos hablando de "unas piedritas raras", sino de un paisaje arqueológico que podría contar muchísimo sobre quiénes estuvieron aquí antes de nosotros.
Pero claro, vivimos en una época donde podemos tener inteligencia artificial, mapas satelitales, drones, relojes que miden el sueño y refrigeradores con ansiedad digital… y aun así no saber qué hay en el cerro que vemos todos los días.
¿Un nuevo corredor cultural en Ciudad Satélite?
El Cerro de la Cruz y sus alrededores podrían convertirse en un corredor cultural, un mirador arqueológico, una ruta de senderismo histórico o un espacio comunitario donde Calacoaya, Rincón Colonial, Satélite y Atizapán se reconozcan como parte de una misma narrativa.
Arqueología con identidad
Un paisaje autóctono y moderno, que honra nuestra cultura ancestral Otomí. No se necesita botarga de guerrero prehispánico para sentirse vivo.
Turismo con narrativa
Cafés, restaurantes, shows, talleres, gastronomía, hospitalidad, recorridos y cultura local como sistema económico; no como un recorrido nostálgico, sino como un resurgimiento.
Madín como escenario
Una integración con el desarrollo económico moderno que, al respetar el origen, genere una propuesta de valor basada en la fusión cultural y el crecimiento sostenido.
Y sí, hablemos de la monetización del lugar: el turismo. Pero no ese turismo de souvenir de plástico barato y espectáculo vacío, sino uno que genere una derrama económica y cultural real que beneficie a comunidades que rara vez participan de los grandes circuitos turísticos.
Imagina el gameplay: subes al Cerro de la Cruz, volteas hacia la Presa Madín y el Valle de México, y de pronto entiendes que ese paisaje no es solo un fondo bonito de alta resolución. Estás rodeado de pirámides, estás despertando los gigantes del tiempo. Es una interfaz histórica. Un mapa vivo. Un archivo en código abierto.
Cómo llegar al easter egg arqueológico
Si tu espíritu de aventura exige más que solo pedir el desayuno un domingo por la mañana, aquí tienes el punto exacto en Google Maps:
Acceso principal al sendero del Cerro de la Cruz:
19° 31' 49.107" N 99° 15' 29.7601" W
→ Abrir en Google Maps
La entrada es a través de la carretera a Madín, como se muestra a continuación. Prepara tus piernitas para una caminata de 30-45 minutos.
Prepárate: es empinado, rocoso y te obliga a interactuar con el entorno exterior —esa cosa verde con gráficos en 8K llamada "Naturaleza"—. Ve temprano, saluda a los senderistas y disfruta de esta mística vista.
Relatividad y misterios subterráneos
La zona de Ciudad Satélite y Calacoaya no solo tiene ruinas prehispánicas; también parece tener su propio episodio de Stranger Things. En el área se encuentra una entrada a la infame Cueva de la Bruja, también llamada "Cuevas de Calacoaya".
Se cuenta la historia de un niño del vecindario que entró a la cueva por unos minutos y salió convertido en un adulto. Hoy en día, esta persona sigue caminando por Calacoaya. Como diría Einstein si hubiera visitado el Estado de México: la dilatación del tiempo es relativa, especialmente si te metes en grietas geológicas de dudosa procedencia.
Pero el misterio no es solo esotérico, tiene un toque de thriller de la Guerra Fría. Existe el rumor de que ingenieros alemanes de posguerra operaron en la zona.
La presencia del ingeniero alemán Karl Emil Franz Fiebinger —con pasado oscuro diseñando infraestructura militar subterránea en Europa— fue real y sustancial: participó en la construcción de más de 5,000 viviendas en Satélite y Cuautitlán Izcalli.
¿Túneles subterráneos diseñados para operaciones de bajo perfil? ¿Bases secretas estilo Fallout? Si en Teotihuacán encontraron grandes vasijas de mercurio líquido bajo el Templo de Quetzalcóatl desafiando toda lógica, quién sabe qué hay debajo del Periférico Norte.
Y la aceptación del caos
Por si fuera poco, la zona es un imán de fenómenos aéreos inexplicables. Esferas metálicas sobrevolando la ciudad y dirigiéndose hacia la Presa Madín, justo donde se esconde nuestra pirámide.
Una esfera metálica levitando estoicamente sobre la Academia Maddox —hoy Prepa Anáhuac— por más de 5 minutos. Con una parsimonia digna de un domingo por la tarde, la anomalía se desplazó sobre Avenida López Mateos, dirigiéndose exactamente hacia la región de Calacoaya y la Presa Madín.
Vivimos en un mundo absurdamente fascinante. Tienes vestigios prehispánicos, oro colonial, ingeniería alemana de posguerra, agujeros de gusano de baja escala y tráfico OVNI, todo sepultado bajo el peso del concreto y la rutina diaria.
No podemos controlar qué pasará con esos terrenos en la próxima generación, pero al menos hoy podemos elegir apagar el teléfono, subir la montaña y ser testigos del hermoso caos que es nuestra historia.
Quizá la pirámide
no está perdida.
Quizá nosotros somos los que hemos perdido la costumbre de observar.
Y eso, por suerte, todavía se puede recuperar.
La Zona Arqueológica de Calacoaya & Cerro Madín
Gilberto Pérez Rico · Cronista municipal · Reporte completo en PDF


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